Cómo es realmente esta forma de vida
Vivir en una casa formada por módulos separados en medio de un jardín significa repartir la vida diaria en varios espacios y moverse entre ellos. Lo digo con conocimiento de causa porque esta es mi forma de vida. Yo vivo en una cabaña de unos 20 metros cuadrados que uso como oficina, dormitorio y salón, en medio de un gran jardin y fuera tengo , algo separados, la ducha, el váter y la zona de lavabo. También hay una piscina pequeñita aparte y, como vivo en una ecoaldea con más gente, la cocina, el comedor y el salón comunes están en otro espacio, a 600 m de distancia.
Eso cambia bastante la manera de habitar una vivienda. Puedes hacer parte de tu vida en tu módulo y otra parte en espacios compartidos o en otros módulos del jardín. En mi caso, podría comer en mi cabaña, pero normalmente lo hago en la cocina grande y en el comedor grande. Me muevo en bicicleta o andando, y a lo largo del dia puedo caminar 5 km tranquilamente. La casa deja de ser una caja única aislada del exterior, protegida como si estuviera en la atmosfera de Marte, donde todo ocurre dentro, y pasa a ser un conjunto de piezas conectadas por el propio jardín, abierta a la tierra y al cielo
La gran ventaja: vivir en contacto continuo con la naturaleza
Una de las ventajas de vivir en una casa en modulos separados en medio de un jardin es que la naturaleza pasa a formar parte de la rutina. No la ves solo por la ventana. La atraviesas varias veces al día porque para ir al baño sales, para ducharte sales, para ir al comedor sales del espacio protector. Ese gesto repetido hace que el jardín y el clima entren en tu vida de una forma continua. Y el cuerpo entiende si es de noche o de dia, si es verano o invierno, y actua en consecuencia.
Con el tiempo, eso te coloca en otro ritmo. Vas notando las horas, la temperatura y la luz tal como vienen dadas por el lugar donde vives. Hay una relación mucho más directa con el entorno, y esa relación no depende de hacer una actividad especial ni de proponértelo. Forma parte de cómo está organizada la vivienda.
Salir para todo cambia tu relación con el entorno
Cuando tienes que salir para ir de un módulo a otro, aprovechas al máximo la naturaleza de donde vives. No es un contacto ocasional. Es continuo. Cada trayecto, aunque sea corto, te hace mirar el cielo, sentir el aire, notar si hace más frío o más calor y darte cuenta de la hora del día por la luz. Esa repetición va afinando tu relación con el entorno de una manera muy simple.
También cambia la percepción del jardín. Deja de ser un espacio decorativo alrededor de la casa y se convierte en parte de la casa. El recorrido entre módulos ya es vida cotidiana. Ahí está una parte importante de las ventajas de vivir en una casa en modulos separados en medio de un jardin, porque el entorno deja de ser algo externo.
La salud no nace de vivir encapsulado
La salud tiene más que ver con vivir en la naturaleza que con mantener siempre una temperatura idéntica por aire acondicionado, pasar el día bajo luz artificial o estar sentado todo el tiempo. Vivir encapsulado te separa de los ritmos básicos del cuerpo y del lugar. En una vivienda formada por módulos, esa separación se reduce porque el propio diseño te obliga a moverte y a exponerte a la luz, al aire y a los cambios de temperatura normales del día. A veces da pereza, o te obliga a exponerte, pero ya lo dicen los sabios, hoy en dia preferimos enfermar comodamente.
Por eso esta forma de vivir tiene un efecto que va más allá de la distribución de la casa. No es solo una cuestión de arquitectura. Es una manera de organizar la vida diaria para que el cuerpo no esté todo el tiempo aislado del exterior. Y eso, para mí, toca un punto central de la salud.
Una vivienda más orgánica y adaptable
La otra gran ventaja es que una vivienda así puede crecer o disminuir de una forma mucho más orgánica. Orgánico, en este caso, quiere decir que la casa se adapta a la vida como se adapta la naturaleza: a veces crece y a veces se reduce. No hace falta decidir desde el principio una casa enorme para cubrir situaciones que quizá lleguen muchos años después o quizá no lleguen nunca.
Cuando la vivienda está formada por módulos independientes, cada parte tiene más autonomía. Eso permite ajustar la casa al momento vital de una manera más razonable. La estructura general acompaña mejor los cambios de una familia, de una pareja o de una comunidad porque no obliga a mantener siempre el mismo tamaño ni la misma organización.
Crecer o reducir la casa según la vida cambia
Si un día los hijos se van, ese módulo se puede cambiar de sitio o incluso regalar para que monten su propia vivienda en otro lado. Y si nace un bebé y más adelante quieres que tenga su pequeño espacio independiente, puedes construir otro módulo en el mismo jardín. La casa no queda fijada para siempre a una sola etapa de la vida.
Esa posibilidad de mover, añadir o retirar piezas hace que la vivienda responda mejor a lo que va pasando. No estás atado a una única forma de habitar. La casa acompaña los cambios en vez de obligarte a vivir siempre dentro del mismo esquema.
Empezar pequeño y ampliar sin una gran casa desde el principio
Otra ventaja muy clara es económica y también práctica. No tienes que hipotecarte desde el principio para hacer una casa de 150 metros si en ese momento no la necesitas. Puedes empezar, por ejemplo, con una vivienda de 30 o 40 metros cuando te casas y ampliar poco a poco según aumente el número de habitantes de ese lugar.
Eso cambia mucho la lógica con la que se construye una casa. En vez de levantar desde el primer día una vivienda pensada para un futuro completo e incierto, vas construyendo lo que de verdad corresponde a cada etapa. La casa crece cuando hace falta, no antes.
La vida compartida también forma parte del diseño
En mi caso, vivir así también incluye una dimensión compartida. Como vivo en una ecoaldea con más gente, la cocina y el comedor son para todos, y eso hace que parte de la vida diaria ocurra en común. La separación de módulos no aísla necesariamente. Puede ordenar mejor qué espacios son íntimos y cuáles son colectivos.
Esa combinación entre un refugio propio pequeño y espacios comunes más amplios da bastante juego. Tienes tu cabaña para descansar, trabajar o estar a tu aire, y al mismo tiempo cuentas con otros lugares para cocinar, comer o convivir. La vivienda deja de entenderse como una unidad cerrada y pasa a funcionar como una red de espacios que responde mejor a la vida tal como es.