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El movimiento Slow

¿Qué es el movimiento Slow?

El movimiento Slow («lento») es una corriente cultural que promueve calmar las actividades humanas. Propone tomar el control del tiempo en vez de someterse a él, mostrarnos la posibilidad de llevar una vida plena y desacelerada, y concienciarnos de nuestra existencia, en vez de vivir cómo máquinas. Crear cosas de calidad, disfrutando del proceso, y adaptándonos al ritmo natural de la Tierra.

En Francia hay un tren que viaja a 574.8 km/h. En Japón hay un McDonald’s que promete servir tu hamburguesa en menos de 60 segundos. En los Estados Unidos hay un barbero famoso por realizar 34 recortes en una hora.

¡Es alucinante que el ser humano haya logrado alcanzar tales metas! Sin embargo, junto con esta cultura donde lo queremos todo rápido y ahora, queremos más tiempo y nos estresamos para conseguirlo y hacer todo lo que creemos que debemos o queremos hacer.

No saboreamos nuestra comida, ni disfrutamos de las cosas por las que nos hemos estresado para poder hacer; en definitiva, no disfrutamos del viaje hasta lograr nuestro objetivo, ni disfrutamos de este último porque ya tenemos otra meta en la cabeza. El resultado es una vida de constante carrera contra el reloj, una vida en la que todo pasa tan rápido que no lo vemos pasar.

Pero cuidado. No significa que debamos hacer los vagos. Se trata de aprender a gestionar la velocidad y energía adecuada a cada momento del día, es decir, correr cuando sea necesario, saber controlar situaciones de estrés, pero a la vez saber detenerse y disfrutar del presente.

 

Origen del movimiento Slow

Este movimiento se originó en los años ochenta, en protesta por el establecimiento de un restaurante de comida rápida (“Fast Food”) en una parte histórica de una ciudad italiana, la Piazza di Spagna. Empezó como Slow Food, pero pronto se desarrollaron distintas ramas cómo Slow Fashion, Ciudades Slow, etc.

 

¿Y cómo puedo lo aplicar a mi vida?

Está claro que la sociedad no está preparada ni nos permite un cambio radical en cuanto a organización y desaceleración, sin embargo hay pequeños cambios que podemos aplicar a nuestro día a día, que nuestro cuerpo y mente nos agradecerán infinitamente.

  • En primer lugar, intenta hacer una cosa a la vez, y centrar toda tu atención en cada acción, sin pensar en lo que hiciste ayer, lo que tienes que hacer ahora y lo que harás luego.
  • En segundo lugar, ¡no intentes hacerlo todo! Céntrate en lo más importante, y no intentes abarcarlo absolutamente todo, no es posible.
  • y luego, si puedes un rato cada día, o los fines de semana, o sino en vacaciones, desconecta el móvil, esconde el reloj, y ¡vive al ritmo de tu cuerpo, al ritmo de la vida!

 

 

 

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